
El Sonido
Escuche algo extraño. Apague mi música y puse atención al exterior desde la comodidad de mi escritorio. No podía escuchar nada más que un profundo silencio en ese momento, pudo haber sido el vecino de arriba, o la cochera de al lado, pero por ahora, el ruido se había ido. Volví a poner mi música y el sonido extraño volvió. Inmediatamente la volví a apagar, pero solo sirvió para darme cuenta de lo que esto era, una batalla contra el sonido, que una vez más, se había esfumado con el aire. Fue cuando me pregunte, que podría causar tal ruido, que cada vez se hacía más intenso. Podría haber sido una licuadora, o tal vez un motor de carro, quizás una sierra eléctrica, o solo el paso del viento en las hojas del árbol fuera de mi casa. Encendí la música de nuevo, y esta vez preste atención al sonido, a cualquier puerta que se abra en la calle, a cualquier automóvil que pase, y a cualquier perro que ladre. Puse atención a todo, dejando atrás la pieza musical que estaba en ese momento. Y al fin lo escuche, ahí estaba el sonido. Sonaba, y sonaba más fuerte que antes. Era unísono, perfecto, con un ritmo, melodía, y armonía que solo puedo recordar de un sueño. Ahí estaba toda mi atención a lo único que podía existir en ese momento, ahí existía, el sonido del ambiente. Pero algo interrumpió ese momento, era una pieza musical, de Mozart, y me intente concentrar en dicha composición, pero ya era muy tarde, era imposible pausar el sonido del ambiente.
Por: Manuel Trinidad










